viernes, 5 de febrero de 2010

Tengo un sueño... (Martin Luther King)

Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy día en esta que será, en la historia, la más grande demostración para la libertad en la historia de nuestro País.




Hace cien años, un gran Americano, en cuya simbólica sombra estamos hoy parados, firmó la Proclamación de la Emancipación. Este trascendental

decreto vino como un gran rayo de luz de esperanza para millones de esclavos

Negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Vino como un

lindo amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero cien años

después, el Negro aún no es libre; cien años después, la vida del Negro aún

es tristemente lisiada por las esposas de la segregación y las cadenas de la

discriminación; cien años después, el Negro vive en una isla solitaria en

medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el

Negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad Americana y se

encuentra desterrado en su propia tierra.



Entonces hemos venido hoy día aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En

un sentido hemos venido a la capital de nuestro País a cobrar un cheque.

Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas

palabras de la Constitución y la Declaración de Independencia, ellos

firmaban un pagaré del cual cada Americano sería el heredero. Este pagaré

era la promesa que todo hombre, sí, el hombre negro y el hombre blanco,

tendrían garantizados los derechos inalienables de vida, libertad, y

búsqueda de la felicidad.



Es obvio hoy día que América ha incumplido este pagaré en lo que concierne a

sus ciudadanos de color. En lugar de honrar esta sagrada obligación, América

ha dado a la gente Negra un cheque malo; un cheque que ha regresado con el

sello "fondos insuficientes." Pero rehusamos creer que el Banco de Justicia

está quebrado. Rehusamos creer que no haya suficientes fondos en las grandes

bóvedas de oportunidad de este País. Y entonces hemos venido a cobrar este

cheque, el cheque que nos dará sobre manera la riqueza de libertad y la

seguridad de justicia.



También hemos venido a este sagrado lugar para recordar a América la

urgencia impetuosa de ahora. Este no es el momento de tener el lujo de

enfriarse o tomar tranquilizantes de gradualismo. Ahora es el momento de

hacer realidad las promesas de Democracia; ahora es el momento de salir del

obscuro y desolado valle de la segregación al camino alumbrado de la

justicia racial; ahora es el momento de sacar nuestro País de las arenas

movedizas de la injusticia racial, a la piedra sólida de la hermandad; ahora

es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de

Dios. Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento.

Este verano ardiente por el legítimo descontento del Negro, no pasará hasta

que no haya un otoño vigoroso de libertad e igualdad.



1963 no es el fin, si no el principio. Y los que pensaban que el Negro

necesitaba desahogarse para sentirse contento, tendrán un rudo despertar si

el País regresa al mismo oficio. No habrá ni descanso ni tranquilidad en

América hasta que al Negro se le garantice sus derechos de ciudadanía. Los

remolinos de la rebelión continuarán a sacudir las bases de nuestra nación

hasta que surja el esplendoroso día de la justicia.



Pero hay algo que yo debo decir a mi gente, los cuales están parados en el

umbral gastado que conduce al palacio de la justicia. En el proceso de ganar

el lugar que nos corresponde, no debemos ser culpables de hechos

censurables. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad con tomar de la

taza de la amargura y del odio. Siempre tendremos que conducir nuestra lucha

en el plano alto de la dignidad y disciplina. No podemos permitir que

nuestras protestas creativas se degeneren en violencia física. Una y otra

vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas del encuentro de la fuerza

física con la fuerza del alma. La maravillosa nueva militancia, la cual ha

envuelto a la comunidad Negra, no debería llevarnos a desconfiar de toda la

gente blanca; porque varios de nuestros hermanos blancos, como se ve hoy día

por su presencia aquí, han venido a darse cuenta que su destino esta

amarrado con nuestro destino. Y ellos han llegado a darse cuenta que su

libertad esta inseparablemente unida a nuestra libertad. No podemos caminar

solos. Y al caminar, debemos hacer la promesa que siempre marcharemos

adelante. No podemos volver atrás.



Hay aquellos que están preguntando a los devotos de los Derechos Civiles,

"Cuando estarán satisfechos?" Nunca podremos estar satisfechos mientras que

el Negro sea víctima de horrores indescriptibles de brutalidad policial;

nunca podremos estar satisfechos mientras que nuestros cuerpos, pesados por

la fatiga de viajar, no podemos alojarnos en los moteles de las carreteras y

en los hoteles de las ciudades; no podremos estar satisfechos mientras que

la mobilidad básica del Negro es de un barrio pequeño a uno más grande;

nunca podremos estar satisfechos mientras que nuestros hijos están

despojados de su personalidad y robados de su dignidad por un letrero

escrito "Sólo Para Blancos," no podremos estar satisfechos mientras que el

Negro de Mississippi no pueda votar y el Negro de New York crea que no tiene

nadie por quién votar. No! No, no estamos satisfechos, y no estaremos

satisfechos hasta "que la justicia corra como el agua y las virtudes como

una fuerte quebrada,"



Yo no desconozco que algunos de ustedes han venido pasta aquí con grandes

esfuerzos y tribulaciones. Algunos de ustedes han llegado recién de unas

angostas celdas. Algunos de ustedes han venido de áreas donde su búsqueda de

libertad los ha dejado golpeados por la tormenta de persecución y

derrumbados por los vientos de la brutalidad policíaca. Ustedes han sido los

veteranos de sufrimiento creativo. Continúen trabajando con la fé de que el

sufrimiento no merecido es redentorio. Regresen a Mississippi; Regresen a

Alabama; Regresen a South Carolina; Regresen a Georgia; Regresen a

Louisiana; Regresen a los barrios bajos y a los ghettos de nuestras ciudades

Norteñas, sabiendo que de alguna manera esta situación podrá y será

cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperación.



Entonces les digo a ustedes, mis amigos, que aunque nosotros enfrentemos las

dificultades de hoy y de mañana, aún yo tengo un sueño. Es un sueño

profundamente arraigado en el sueño Americano, que un día esta nación

surgirá y vivirá verdaderamente de su credo, "nosotros mantenemos estos

derechos patentes, que todo hombre es creado igual." Yo tengo un sueño que

ese día en las tierras rojas de Georgia, hijos de esclavos anteriores e

hijos de dueños de esclavos anteriores se podrán sentar juntos a la mesa de

la hermandad. Yo tengo un sueño que un día aún el estado de Mississippi, un

estado ardiente por e1 calor de justicia, ardiente por el calor de la

opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia. Yo tengo un

sueño que mis cuatro pequeños hijos algún día vivirán en una nación donde no

serán juzgados por el color de la piel, sino por el contenido de sus

carácteres.



Hoy yo tengo un sueno!



Yo tengo un sueño que un día en Alabama, con sus racistas viciosos, con su

Governador con sus labios goteando palabras de interposición y nulificación,

un día allí en Alabama los pequeños negros, niños y niñas, podrán unir las

manos con pequeños blancos, niños y niñas, como hermanos y hermanas.



Hoy yo tengo un sueno!



Yo tengo un sueño que algun día cada valle será elevado, y cada colina y

montaña serán hechas llanas. Los lugares más ásperos serán aplanados y los

lugares torcidos serán hechos rectos, "y la gloria de Dios será revelada y

todo género humano se verá junto.



Esta es nuestra esperanza. Esta es la fé con la cual yo regreso al Sur. Con

esta fé podremos labrar de la montaña de la desesperación, una piedra de

esperanza. Con esta fé podremos transformar el sonido discordante de nuestra

nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fé podremos trabajar

juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, pararse juntos

por la libertad, sabiendo que algún día seremos libres, y este es el día.

Este será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar con nuevos

sentidos "Mi País es de ti, dulce tierra de libertad a ti yo canto. Tierra

donde mi padre murió, tierra del orgullo de los peregrinos, de cada lado de

la montaña, dejemos resonar la libertad." Y si América va a ser una grande

nación, ésto tendrá que hacerse realidad.





Entonces dejen resonar la libertad desde la cima de los montes prodigiosos

de New Hampshire; dejen resonar la libertad desde las poderosas montañas de

New York; dejen resonar la libertad desde las alturas de las Alleghenies de

Pennsylvania; dejen resonar la libertad desde las rocas cubiertas de nieve

de Colorado; dejen resonar la libertad desde las curvosas cuestas de

California. Pero no sólo ésto. Dejen resonar la libertad de la Montaña de

Piedra de Georgia; dejen resonar la libertad desde la montaña Lookout de

Tennessee; dejen resonar la libertad desde cada colina y montaña de

Mississippi. "De cada lado de montaña dejen resonar la libertad." Y cuando

ésto pase y cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar de

cada aldea y cada caserío, de cada estado y cada ciudad, podemos apurar el

día en que todos los hijos de Dios, hombre negro y hombre blanco, Judíos y

Cristianos, Protestantes y Católicos, podemos unir nuestras manos y cantar

en las palabras del viejo espiritual Negro:

"Libre al Fin, Libre al Fin; Gracias Dios Omnipotente, somos libres al fin."

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